 Las palabras no tienen realidad en sí mismas, sino en el contexto en que se emplean y según las intenciones y carácter de quien las emplea. Interpretadas parcialmente, sin perspectiva de fondo, no comunican sino por el contrario, ocultan las ideas.” “La fe en la vida, en sí mismo y en los demás tiene que edificarse sobre el terreno firme del realismo…”, “…el inocente no engaña a nadie, pero tampoco se deja engañar” He escogido proponeros a Erich Fromm, célebre por sus profundos análisis de la sociedad contemporánea, y por su famosa frase: “En mundo (la sociedad) en la que nos movemos no es más que una gran mentira”, para reflexionar sobre el empleo de las citas de gente notable en nuestros discursos, debates, escritos,
etc. Yo soy adicto a poner citas en todas partes, porque una frase inspirada seguida de un nombre famoso impacta al lector de tal forma que nos otorga el título de sabio, de “hombre de conocimiento”, que diría Castaneda, y le pone a nuestra merced para aceptar cualquier cosa que le soltemos. Bueno, en todo caso depende de nuestra intención hacia ese lector, aunque deberíamos profundizar un poco y preguntarnos, ¿la intención de qué personaje que compone nuestro Ego?
Pero, ¿por qué no lo miramos de otro modo? Es decir, usar las citas como una invitación a la lectura completa. Una frase sacada de contexto, por muy brillante que sea, puede usarse para todo lo contrario de la intención del autor. Un ejemplo impactante lo tenemos en la práctica del fundamentalismo islámico. Leída una Surah del Corán de arriba abajo puede ser una revelación inspiradora sobre verdades universales o contenidos de la propia conciencia, o dejarte igual que antes, pero también puedes sacar una frase determinada y usarla como ariete para tu próximo ataque, que es lo que hace todo fundamentalismo, por supuesto también el cristiano. Pongamos por ejemplo una palabra arquetípica como “Jihad” que en árabe significa “esfuerzo” y en el contexto coránico tiene el sentido de “esfuerzo de purificación”, de ahí que en el contexto global del Islam (palabra que en árabe significa Sumisión… a las leyes del Infinito) la frase “Jihad islámica” cobra el sentido profundo de “esfuerzo de purificación exigido por la sumisión a las leyes del universo”. Cuando releemos la contundente frase de Erich Fromm podemos experimentar diferentes reacciones, pero la mayoría son de aquiescencia: “Naturalmente que el mundo es una gran una mentira… los políticos nos mienten, la publicidad nos miente, el sistema capitalista es un engaño, etc”. Pero leído con detenimiento, Erich Fromm va mucho más allá que esas superficialidades, nos indica que es nuestra percepción la que nos hace ver espejismos, nuestra comprensión la que crea esa gran mentira, porque nos mentimos a nosotros mismos sobre lo que somos, lo que queremos, lo que necesitamos y sobre todo sobre lo que hemos creído entender de la vida. Nosotros somos los grandes mentirosos, pero con respecto de nosotros mismos. Y acostumbrados a mentirnos terminamos más pronto o más tarde creyéndonos nuestra propia mentira, de forma que la transformamos en verdad. Y como que cada cual se construye su propia mentira con respecto a la realidad del mundo, nadie se pone de acuerdo (relean el cuento del elefante en la oscuridad) y surge la controversia que no es sobre la realidad del mundo sino de nuestras propias construcciones mentales, que diría Buda. A partir de ahí el terreno está abonado para los ilusionistas de lo trascendente en forma de interpretaciones de las distintas manifestaciones de la revelación, que dan lugar a las religiones, las doctrinas, las ideas filosóficas, etc. De ahí que piense que las citas famosas son una invitación a sumergirse en la lectura del autor que acaba de impactarnos, porque a cada uno nos impacta según lo que en ese momento se haya instalado en nuestro cerebro, que en cada momento es distinto, porque no somos uno (Gurdjeff dixit), pues nuestro Ego se compone de multitud de personajes. Piensen en la cantidad de “ppts” (presentaciones en Power Point) que recibimos por internet donde frases sublimes se escriben sobre paisajes maravillosos. Si los leen a diferentes horas del día el impacto es diferente, porque, como dijo recientemente García Márquez en una entrevista “todo lo que ves por la pantalla no existe”. Me impresionó hace 40 años la lectura de “El Arte de Amar”, “El Miedo a la Libertad”, “Psicoanálisis de la Sociedad Contemporánea”, y sigo llevando como el breviario de un monje benedictino, “Del Tener al Ser”, también de Erich Fromm. ¿Qué he querido decir con todo esto? Que está muy bien que hablemos, debatamos, comparemos líneas de pensamiento, citemos a personajes iluminados, etc., pero no habremos hecho absolutamente nada sin experimentar. Esas frases, esas citas están inmersas en la obra de gente que penetró de alguna manera y en alguna forma los secretos del universo. Una de sus frases es solo una invitación a sumergirnos en la lectura y experimentar el conjunto perceptible de lo que está contenida en ella. Es como cualquier camino de devolución espiritual (he dicho devolución, con ”d”), no sirve de nada si no nos sumergimos en la experiencia mística. No sirve de nada doctorarse en las grandes líneas religioso-filosóficas, saberse los clásicos, aprender de memoria el Corán, la Biblia, citar con los ojos cerrados a Buda, Eckart, Spinoza, etc. si algún elemento de su lectura en algún momento no ha logrado cambiar un gramo de algo en nuestra conciencia. Si no se opera ese cambio en el interior (del Tener al Ser), por ínfimo que sea, no ha ocurrido nada, absolutamente nada más que especulación intelectual, es decir, nada. Esto se ejemplifica en el cuento del Ilustre doctor en teología que un día le pide al barquero que le dé un paseo por el lago, lo conocen, ¿verdad? Fuente: crisiseconomica2010.com |