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Cada día al despertar te puedes encontrar con una realidad distinta, como si estuvieras viendo una película en el cine, porque la vida, tu vida es una película, con sus fotogramas, sus anuncios, sus titulares y sus finales. El objetivo de la vida es estar preparado para el cambio rápido de fotograma. Decidirte, a veces en milésimas de segundo, para donde ir, hacia la derecha o hacia la izquierda. Un movimiento que puede salvarte la vida o condenarte, un salto al vacío.
-¡Que vida más dura la de los humanos!.Sin embargo, fuimos nosotros los que decidimos venir. Ahora estamos aquí y los plazos se están cumpliendo. Cada momento de nuestra vida es un momento nuevo, un principio, un nacimiento y a cada instante se nos pide elegir entre la luz y la oscuridad. ¡Es el libre albedrío!- Pero ni la luz ni la oscuridad las encontraremos fuera de nosotros porque son zonas interiores. La oscuridad se nos muestra con desasosiego, nerviosismo y un cierto sentido de impermanencia, mientras que para la luz no hay prisas ni agobios porque es toda suavidad y amor. La luz y la oscuridad nada tienen que ver con las definiciones que a veces hace la mente. Un momento lúcido es aquel en el que descubrimos algo interesante que nos sorprende gratamente, algo en lo que no habíamos reparado, un instante mágico y especial que nos muestra el camino. En cambio, la oscuridad se hace acompañar de la inacción y del miedo, a veces de la depresión y en algunos casos de las dependencias más insanas. Muchas son las caras de la oscuridad. Las adicciones nos conducen al egoísmo y olvidamos con facilidad las necesidades de las personas que nos rodean. No nos importa nadie excepto nosotros. Por eso el adicto dedica la mayor parte del tiempo a cubrir sus expectativas, sea la comida, las drogas, el alcohol, el trabajo o el poder. La historia de la Tierra está plagada de ejemplos que ilustras estas dependencias. Sin embargo la tierra es básicamente un lugar de paz, un lugar de luz y recreación del amor de la energía original, de la energía de lo que llamamos Dios, pero donde también existe la oscuridad como su contrapunto, su reverso, con el propósito de armonizar los pares enfrentados, la dualidad, que tiende a nivelarse como los platillos de una balanza hasta que alcancemos la tierra prometida. No dejemos de buscarla, porque la tierra prometida está en nuestros corazones. No dejemos de buscarla. Ese lugar idílico existe. Nosotros somos sus habitantes. Para encontrarla solo debemos dar alas a nuestra Luz. El camino más recto hacia ese país armónico es llegar a instalarlo dentro de cada uno de nosotros. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo instalar dentro de cada persona el paraíso? Tan fácil como nivelar la balanza, dando al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios que es lo mismo que decir, dar a la mente lo que es para la mente y al corazón lo que es para el corazón.
Lola Sánchez Fernandez Articulista de Esencialia www.lolaenlaluz.blogspot.com |