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Aprender música es vital para todo ser humano, ya que estimula una serie de funciones cerebrales que influyen en el desarrollo integral de la persona. Según una gran cantidad de estudios científicos (ver estudios realizados por Alfred Tomatis, el doctor Peter Guy Manners, Herbert, von Karajan, Yehudi Menuhin, entre otros) , el aprendizaje musical estimula ambos hemisferios cerebrales, con lo que comporta para el desarrollo integral del individuo, y es una de las siete inteligencias del hombre, junto a la matemática y a la emocional entre otras.
La música es una de las terapias naturales mas sencillas de las que disponemos, y tiene efectos fisiológicos (actúa sobre los sistemas circulatorio, cardiorespiratorio, nervioso, sobre el metabolismo... incluso ha sido utilizada como analgésico por distracción) y emocionales (afecta a nuestros sentimientos, emociones, sensaciones y sistemas perceptivos; ayuda a la sensación de pertenencia a grupo, a desahogar emociones...).
El desarrollo de las emociones y de la sensibilidad en una sociedad tan destructiva como está resultando ser la nuestra es de vital importancia, no sólo a nivel de individuo, sino de la sociedad en general. Está demostrado el valor terapéutico y de socialización que comporta la música, y podría ayudar a la integración y a elevar la autoestima de grupos sociales vulnerables, como los adolescentes, por los problemas de identidad y de expresión que comportan. No es extraño leer en la prensa las violaciones, peleas, palizas… que protagonizan estos adolescentes por motivos insignificantes, y esto es el resultado de una insensibilización a nivel social, y que los más jóvenes absorben como esponjas, como resultado de horas y horas de televisión violenta, que podrían pasar escuchando música o ensayando con amigos en grupos, o asistiendo a conciertos.
También en otros grupos sociales como presidiarios, personas con depresión, autoestima baja, jóvenes desarraigados, personas maltratadas física y psicológicamente..., el aprendizaje musical podría contribuir a su bienestar y desarrollo personal de maneras sorprendentes, con su consiguiente repercusión en la sociedad en la que vivimos. En el estudio también la música tiene un papel relevante; ¿quién no ha aprendido las tablas de multiplicar con un soniquete rítmico? Y es que el ritmo al hablar o al estudiar ayuda a retener las cosas en la memoria. En este principio se basan técnicas de estudio como la Sugestopedia, del psicólogo búlgaro Georgi Lozanov, que trabaja el aprendizaje de idiomas con música para estimular el cerebro. Suzuki, por su parte, ha creado un método para que los niños aprendan la música y su lenguaje de la misma manera que aprenden su lengua materna. Esto supone una estimulación cerebral y motriz enorme, lo que repercute en el bienestar y en la apertura de los niños al aprendizaje y la observación. Recientemente han aparecido también en prensa noticias sobre la futura falta de científicos en nuestro país. De todos es conocida la relación música-matemáticas (desde René Descartes en el siglo XVII, en su Compendio de Música, hasta los estudios del doctor Martín F. Gardiner, en Rhode Island, la doctora Frances H. Rauscher, de la Universidad de Columbia, sobre investigaciones de Zoltan Kodaly...), favoreciendo la primera el desarrollo y comprensión de la segunda, debido al carácter abstracto de ambas y las áreas del cerebro que estimula la música.
Está comprobado que los jóvenes que estudian música tienen más facilidad para las disciplinas abstractas (matemáticas, física…), y mayor capacidad de comprensión general. Y no es extraño que en la Historia de la Humanidad haya figurado como disciplina principal en la vida del ser humano. Ya en la Prehistoria, los hombres primitivos realizaban cantos y danzas como ritos mágicos para contentar a la madre Naturaleza. O los efectos curativos que tenía la música de David con su arpa sobre los “ataques” que sufría el rey Saúl “cuando los malos espíritus se apoderaban de él”. Para los griegos, la música era un don de los dioses, que, entre otras cosas, amansaba las fieras (Orfeo y su lira), y no es de extrañar que fuera una de las disciplinas de estudio obligado en las escuelas, tanto por su importancia en sí, como por su efecto en el resto de las disciplinas, y se escribieran tratados y tratados sobre sus beneficios y su poder sobre el hombre (Pitágoras, Aristóteles y todas las escuelas de pensamiento de la Antigüedad).
La Musicoterapia es una asignatura pendiente en nuestro país, pero nosotros la aplicamos intuitivamente en nuestra vida diaria, ya que la música nos acompaña en cada momento de nuestra vida, y tenemos una serie de asociaciones que se activan involuntariamente y que se pueden manejar con fines de beneficio personal, para relajaciones, visualizaciones, recuperación de recuerdos o traumas en nuestras vidas, inducción de estados emocionales... En los hospitales de Estado Unidos y de países europeos hay un departamento de Musicoterapia, y los resultados en los pacientes que reciben este complemento, mejoran sensiblemente con respecto a los que no. En nuestro país está despegando: hay estudios de posgrado el la Universidad Autónoma de Madrid, en un hospital andaluz se han hecho experimentos exitosos con neonatos en las incubadoras... Esperemos que se vaya extendiendo y aprovechando al máximo. Si nos seguimos fijando en la Historia, y aprendemos de su experiencia, podremos aprovechar una serie de enseñanzas y de beneficios a los que todo ser humano tiene derecho en su educación, en todas las edades de su vida, no sólo los seres con un nivel económico determinado.
Os invito a que disfrutéis más de la experiencia musical, apuntaros a un coro, a clases de danza (la música unida al movimiento es un “cóctel explosivo”, y así reducimos el sedentarismo de nuestra sociedad en general), a aprender a tocar un instrumento, formad un grupo musical del estilo que os guste, regalaros un momento a lo largo del día para escuchar música según os sintáis, id a conciertos de diferentes tipos de música, escuchad músicas de diferentes géneros y culturas, estudiad con música barroca lenta, como sugiere Lozanov... Incorporar los beneficios musicales a nuestra vida supone sentirnos mejor y acercarnos un poco más a la felicidad, que es lo que todos buscamos. Carmen Santos Requena Profesora de musica |