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Sentada en una terraza de un pequeño pueblo de pescadores de la Costa, con una tónica con hielo y limón, excelente compañera por el calor que hace, empiezo mis reflexiones sobre el tema de este artículo. Libros, tesis, teorías me vienen en cantidad a la memoria y me inquieto… ¿Que puedo yo aportar a lo tanto que ya se ha dicho sobre la sexualidad? Bien ! Pasados segundos, me felicito por estar atenta y no caer en la trampa que tengo una misión a cumplir de escribir algo inédito y atractivo. Me tranquilizo… Vuelvo mi atención a mirar lo que tengo delante, detrás y a los lados, incluso miro hacia el cielo muy azul. Hay olor a sal, luz, brillo, sol, mar, rocas, brisa, y cuerpos, varios cuerpos de bañistas. Pero, algo sobra, algo esta fuera de este contexto visual…
Dejándome sentir y agudizando mi percepción me doy cuenta, hay bañadores, muchos bañadores, varios colores y formas, muchos de color negro. Bañadores que al tapar partes del cuerpo, me dejan percibir en el mío, la dificultad de las mismas de respirar bien, la sensación de estar ahogadas. Sin regalarse el contacto de la verdadera temperatura del agua, sin el calor, de la luz solar, sin sentir la brisa que sopla, sin mirar las increíbles rocas y con todo lo demás de los elementos de la naturaleza que nos envuelven, que viven y nos invitan a vivir con ellos. Partes del cuerpo que están disminuidas en sus capacidades de recibir y gozar. Mi pensamiento va hacia atrás, muy atrás y me deparo con el mito de Adán y Eva y su entorno natural. El Edén con su frondoso árbol del Conocimiento, la hermosa y ondulante serpiente, la roja manzana… Allí, justo allí debe haber empezado lo que hoy percibo aquí en esta terraza con mi tónica que se acaba…pido otra, esta fantásticamente fría. Al comer el fruto del árbol “prohibido”, ALGO pasa…que nunca se nombró, misterio… Y Adán y Eva viviendo en perfecta armonía y conexión con la exuberancia del Edén, acto seguido, se tapan los genitales… Empieza ahí, con los adoctrinamientos que se han establecido desde esta historia, la cruel matanza de la Vida en nuestro organismo. El mito hebreo de Adán y Eva no es el objeto del cuestionamiento, es creíble para unos y no para otros, no pretendo entrar ahí. Pero si, invitaros a reflexionar juntas las consecuencias de este mito con todo su peso de verdad incuestionable.
La iglesia institucionalizándolo DETERMINA:
1. Jamás conocer mas de lo que sea permitido por la Santa Madre Iglesia 2. Acercaros a Dios si pero, conocerlo NO ! 3. Taparos vuestros cuerpos, glorifiquéis el sufrimiento y seáis felices en esta y en la OTRA vida, SINO a arder en el fueguecito Me pregunto: ¿Como ser felices estando aprisionados, sufridos y condenados a no conocer? Siendo esta o otra vida, pasa a ser un detalle, porque la que nuestro cuerpo vive es la de aquí y ahora. La crueldad nacida de la frustración de la necesidad innata y primaria de amor y de la satisfacción de la expresión de nuestra sexualidad se establece como una prohibición con derecho a castigo. Si olvidamos el cuerpo, si no utilizamos nuestros sentidos ya desarrollados y por desarrollar, si reprimimos nuestras pulsiones libidinales y nuestro deseo de conocer, seremos buenos, felices y estaremos cerca de Dios, sin entenderlo, mucho menos conocerlo. Como sentirnos cerca si no nos fue permitido conocer la naturaleza humana de Jesús que tanto ha amado como fue amado en toda intensidad y libertad de su realidad corporal. Jesús ha amado y fue amado corporalmente, no dudemos de ello.
Llegando a nuestros días podríamos reflexionar sobre la posibilidad que esta fuerza vital, vibrante y pulsátil en su originalidad, se haya transformado en una forma muy distinta de dar y recibir amor, de conocer el placer del contacto corporal con el otro, del descubrimiento del cuerpo del ser amado y/o deseado. Lo tenemos difícil para sentir la vida en su forma de expresión del amor cuando esta energía se ha convertido en “habilidades” para ganar dinero, ser admiradas, someter y tener poder sobre los demás. Esta transformación también es energética, pero esta canalizada en el sentido de no sentir la angustia generada por el acorazamiento de nuestra fuerza vital, de nuestra sexualidad. Vivimos tiempos de mistificaciones, buscando ser “el espejo donde el OTRO se mira.” (MP) El propio mito de Narciso se esta transformando, ser modelos y cuerpos admirados en su forma superficial para que el OTRO busque y tenga la falsa ilusión que desde ahí, aplacará su angustia existencial, su necesidad de amor.
¿Os dais cuenta del gran derroche de energía y cuanta tensión hay que mantener flotante para seguir en esta prisión? Es triste, pero se puede entender, que la vida sexual pulsional, esta reprimida en lo mas hondo, en lo mas verdadero, lo mas visceral. _ ¿Habrá rescate posible para tan cruel secuestro? Ha habido y hay muchos intentos para ello. Los médicos, desde su conocimiento y en su función, se fijan en los síntomas presentados y dictan: _Frigidez…!!! Los católicos ortodoxos: _Pecado ! 3 aves marías y 4 padres nuestros…! (Con lo bello que pueden ser las palabras de estas dos oraciones, pasan a ser el castigo de la penitencia) Los políticos: _No sé de qué me habláis…! Acabo de llegar. Los psicoanalistas: _Hay que hacer conciente el inconsciente.
Yo, desde mi experiencia personal y de mi actividad profesional (imposible para mi, separarlas…) y muy atenta a las vivencias, necesidades y cambios logrados de las personas que trabajan conmigo, percibo y me curiosea que si el gran perjudicado es el cuerpo, porque buscar incesantemente soluciones en la mente, que siendo una parte del cuerpo tiene su propia y determinada función, la de entender y representar verbalmente. Debemos buscar el sentido en el cuerpo, no en los porques, hay que trabajar visando la liberación de nuestra natural necesidad de expresión amorosa corporal – nuestra sexualidad. “¿Pero de que cuerpo hablamos? ¿Del cuerpo biológico, del cuerpo cultural, del cuerpo genético, del cuerpo idealizado? ¿De que cuerpo hablamos?” (MZ) Aquí entra el concepto de cuerpo emocional. El cuerpo como continente de nuestras emociones secuestradas, prohibidas, enjuiciadas, condenadas al castigo y a la consecuente represión de su sexualidad. El amor que procede de este núcleo corpóreo, una vez, que se haya transformado en algo rígido y de difícil acceso, a nivel mental, o expresión en lo corporal, constituirá la esencia de las mistificaciones, antes nombradas, asesinas de nuestra esencia de seres vivos y vibrantes. Me voy a permitir ahora, introducir ( y como no hacerlo…?) todas las formas vivientes en su especificidad como partes fundamentales de este contexto vital sexual, enriqueciendo la palabra sexualidad con todo el entorno que nos rodea, que nos hace vibrar, oler, tocar, probar, regalar la vista, oír, también pertenece al ámbito sexual, pertenece a la misma ola de energía afectándonos y vitalizando nuestros deseos y apetencias sexuales. Van juntas, se retroalimentan, se cargan y descargan, se contraen y se expanden, interactúan a cada segundo, siempre. Toda la pujanza de la naturaleza, nos afecta como criaturas pertenecientes a ella, en sintonía con toda la gama de vidas existentes. La sensualidad que una puede emanar y desprender en el ambiente viene de esta sexualidad conectada y permitida internamente, enriquecida por las sensaciones de la Vida exterior y se transmite naturalmente a los demás. La sensualidad que atrae, que transmite belleza, que se expresa, independiente de la edad y del aspecto puramente físico, está en la forma de caminar , en la voz desde el vientre, en los gestos libres, sueltos, en una gracia natural y única, sencillamente por la original razón de estar presentes y actuantes en la existencia.
“Amar es enraizarse en la existencia” (BR) Sexualidad como conexión a la Vida, con todo lo que existe, siendo una la expresión del la otra. Vitalidad y Vibración presentes y unidas que nos agudiza los sentidos descubriendo y vivenciando su canal natural, el oler, el mirar, el tocar, deseando, aun sin percibirlo, ni proponerse a ello –el cuerpo vivo no es para entenderse, simplemente es y actúa – el ENCUENTRO (amo esta palabra…) Encuentro de dos personas que sienten, pulsan y vibran y por ello se afectan mutuamente, y descubren el placer de existir en su esencia y en su entorno natural y afectivo, vibrar desde su realidad pulsátil de ser viviente y encontrarse con el otro para el disfrute y celebración de nuestra sexualidad, de nuestra derecho a la vida en toda su exuberancia y posibilidades. Autor: Claudia Silva Articulista de esencialia.com Analista Bioenergética Nota: Mis agradecimientos a Martha Zanetti y a los autores Wilhelm Reich, Stanley Keleman, Mario Perniola y Bagwann Rashneesh que me inspiraran este articulo. |