
A través de los años han habido resultados de trabajos que han estudiado la meditación, algunos sugiriendo sus poderes para aliviar los efectos adversos del estrés. Pero sólo el mes último se concretó lo que considero un estudio definitivo que confirma mi hipótesis, alguna vez poco firme, al
revelar el mecanismo cerebral que puede explicar la habilidad para tranquilizarse. Los datos emergieron como uno de los muchos resultados experimentales de una poco común colaboración investigativa: la del Dalai Lama, líder religioso y político tibetano en el exilio, y la de algunos de los más prestigiosos psicólogos y neurólogos de los Estados Unidos. Los científicos se encontraron con el Dalai Lama durante cinco días en Dharamsala, India, en marzo de 2000, para conversar sobre la forma en que la gente podría controlar mejor sus emociones destructivas.
Las imágenes de resonancia magnética revelan que cuando la gente está ansiosa, enojada, deprimida, las partes del cerebro convergen hacia la amígdala y la corteza prefrontal derecha, región cerebral importante para la hiperdefensa típica de las personas con estrés. Por el contrario, cuando la gente tiene ánimo positivo, entusiasmo y energía, esos sitios están tranquilos y aumenta la actividad de la corteza prefrontal izquierda.
El doctor Davidson ha descubierto lo que, según cree, es una manera rápida de cuantificar el nivel del estado anímico típico de una persona: leer los niveles de actividad en estas áreas prefrontales, derecha o izquierda. Esto predice los estados de ánimo diarios con sorprendente exactitud. Cuanto más se incline hacia la derecha, la persona tenderá a estar más infeliz o afectada, mientras que cuanta más actividad se desarrolle en la parte izquierda, más feliz y entusiasta estará.
Al estudiar los datos de cientos de personas, el doctor Davidson estableció una curva de distribución en la que la mayoría de las personas que se encuentran en la mitad manifestaron buen y mal humor alternadamente. Aquellas personas, relativamente pocas, que se hallan bien hacia la derecha son más propensas a tener depresión clínica o desórdenes de ansiedad en el transcurso de su vida. Para los pocos afortunados que se sitúan más a la izquierda, los estados conflictivos son raros y la recuperación es rápida. Esto explica otro tipo de datos que sugieren un punto determinado biológicamente para nuestro nivel emocional.