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Dentro de las terapias naturales,hace alrededor de un siglo un osteopata americano, el Dr. Sutherland descubrió la existencia de una respiración sutil en el interior del sistema nervioso central, constató que su frecuencia y potencia estaban directamente relacionada con el estado de salud y vitalidad de las personas, le llamó Impulso Rítmico Craneal y formuló los cinco aspectos fundamentales del Mecanismo de respiración primaria. Desde entonces han surgido diversos enfoques del trabajo con el sistema craneosacral. El modelo de terapia craneosacral que quiero presentar es la
aproximación biodinámica. Surge originalmente de los últimos descubrimientos que hizo el Dr. Sutherland en el que notó una clase de energía que generaba correcciones dentro del cuerpo del paciente sin la influencia externa del terapeuta.La llamó la respiración de la vida espiritual (Aliento de Vida). En principio, esta visión parece una apreciación subjetiva que carece de rigor científico y por supuesto de reconocimiento médico, por lo que quedó relegada al olvido. No es que se desechara, es que se ignoró y el trabajo craneosacral se desarrolló basándose en conceptos más asequibles, más demostrables, funcionales y concretos. En sus inicios, Sutherland fue desarrollando habilidades de palpación mediante las que podía evaluar las zonas de movilidad o de restricción en los tejidos corporales, de asimetrías o de lesión, que le daban una orientación diagnóstica para saber que hacer, y con unas sutiles manipulaciones corregir los “desajustes” que se apreciaban en el cuerpo, este respondía y se verificaban apreciables resultados clínicos. El cuerpo respondía, los tejidos se reorganizaban.
Pasó cincuenta años de su vida dedicado a percibir los sutiles ritmos y movimientos internos que mostraba el sistema craneosacral. Con el tiempo notó que por debajo del Impulso Rítmico Craneal habían pulsaciones más profundas y más lentas que mostraban distintas cualidades, hasta que finalmente se percató de que toda esa cascada de impulsos sutiles responden a la expresión la fuente energética que llamó Aliento de Vida. La Vida se expresa en el cuerpo como una sutil cascada de movimientos rítmicos, como una respiración dentro de la otra. Un despliegue de la quietud esencial hasta la forma. A estos movimientos rítmicos sutiles, Sutherland los llamó Mareas por su semejanza con los movimientos del océano. La marea más profunda, la más sutil, el impulso primigenio del Aliento de Vida es la Marea larga. Tiene un ritmo muy lento, 1 ciclo cada 100 segundos. La Marea larga establece los principios organizadores básicos del cuerpo, es la más próxima y la que más resonancias tiene con la quietud Esencial.
Conectar con la marea larga es conectar con la impronta original. Contenida dentro de la Marea larga y en su viaje hacia la forma se despliega la Marea media o Marea de potencia, tiene un ritmo más rápido, 2,5 ciclos por minuto y está más directamente relacionada con la vitalidad corporal. Esta vitalidad es la energía necesaria para que el cuerpo inicie el proceso de curación. Es en la Marea de potencia y en la Marea larga donde se asienta el trabajo terapéutico – donde los procesos específicos se integran en la totalidad. Contenida e impulsada por la potencia y con un ritmo de entre 8 y 14 ciclos por minuto se despliega la Marea de fluidos o Marea longitudinal. Es el movimiento rítmico más superficial y de una cualidad más fisiológica, es la “encarnación final” del Aliento de Vida. Los fluidos del cuerpo asumen la potencia del Aliento de Vida y por ende todos los tejidos orgánicos, que en mayor o menor grado están formados por ellos. En el ser humano, como unidad orgánica integrada, la Marea de fluidos tiene como motor central el Mecanismo de Respiración Primaria, formado por el SNC, fluido cerebroespinal, membranas meníngeas, huesos craneales y sacro. Este mecanismo animado por la potencia de la Marea impulsa el fluido cerebroespinal (al igual que el corazón bombea la sangre o los pulmones el aire) con un movimiento “respiratorio”, de inhalación y de exhalación llamado también Impulso Rítmico Craneal, transmitiendo la impronta de orden y cohesión del Aliento de Vida a todos los tejidos corporales. Este impulso se refleja finalmente en el cuerpo en forma de movimientos de flexión y extensión y/o rotación interna y externa en todas sus estructuras. Las distintas aproximaciones terapéuticas son diferentes niveles de relación.
Nos podemos relacionar desde la razón, desde el sentimiento, podemos conectar con los tejidos orgánicos, con los fluidos. Podemos relacionarnos superficialmente, con profundidad, podemos estar en una u otra capa, en uno u otro nivel de escucha, de relación terapéutica. El descubrimiento final de Sutherland fue: ¡Algo regula el organismo desde el interior!. Ese “Algo”, es la Inteligencia profunda de la Vida que hace que cada cosa sea lo que es. Cuando descubrió que los reajustes provenían de la profundidad del organismo con solo “escucharlo” y sin el hacer nada, le hizo plantearse un modo totalmente distinto de trabajar, de “estar” en el momento de realizar un tratamiento. Ahora, no tenía que decidir lo que iba a hacer, ahora tenía que “dejar hacer”, de modo que se entrenó para estar con estos procesos y acompañarlos a medida que ocurrían. Este es el principio que recoge la biodinámica: no se trata de hacer algo para que la salud mejore, es dejar que la salud aflore. No se trata de dar vida al cuerpo, es permitir que la vida emerja por si misma. Este enfoque cambia de manera radical la idea de sanar, desde esta perspectiva el terapeuta no interviene en el proceso de curación, y sin embargo tiene que estar muy presente para que esto ocurra. Aquí se empiezan a desarrollar las llamadas habilidades del terapeuta, la escucha profunda. En el modelo biodinámico no hay diagnósticos previos, protocolos de tratamiento ni planes a priori, el plan de tratamiento se revela en el momento.
El terapeuta se entrena a estar presente en el proceso y a dejarse ir -o más bien a irse “personalmente”-, o sea, a no interferir en el proceso terapéutico con sus propias necesidades y expectativas, incluyendo la necesidad de que el “paciente” se cure. Como decía Rolling Becker, aprender a quitarse del medio y permitir que la Inteligencia profunda de la Vida haga el trabajo. La terapia se hace, es algo que sucede. No es el resultado de una acción del terapeuta, es algo que sucede en la relación terapéutica. La biodinámica craneosacral es un modelo abierto; osteópatas como Rolling, Becker, Viola Fregman o Jim Jelous son algunos de los representantes contemporáneos que fueron depositarios de esta línea de trabajo. Estar presente en la relación terapéutica y facilitar que la Vida se despliegue no es un logro, no se trata de desarrollar una determinada comprensión intelectual, es un cambio de perspectiva, de “hacer” a “no hacer”. es un trabajo de proceso para el terapeuta y como tal está en una evolución constante. La salud física no es el principal beneficio de la terapia, pero si que es una de sus consecuencias.
Autor: Rafael Martiz Terapeuta Craneosacral Profesor acreditado por la Asociación Española de Terapia Craneosacral www.dharmaespaiterapeutic.com/craneosacral.htm |