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“Cuando lo vi estaba sentado en un rincón del jardín, bajo una pequeña construcción hecha con cuatro palos y una tela naranja a modo de techo. Soplaba un viento suave mientras yo lo miraba entre las luces y las sombras de la tarde, majestuosamente feliz, con los ojos cerrados, las manos juntas sobre el regazo y una media sonrisa entre los labios. Parecía que siempre hubiese estado allí, sentado, meditando, esperando….., esperándome. Me quedé inmóvil a merced de los acontecimientos, abandonada indolentemente a las sensaciones del momento, pero la voz que me conducía a través de la regresión me espabiló diciendo -¿Qué ves?-, veo un maestro que medita bajo un velo naranja, y que ahora abre los ojos y me mira. En ese instante oí mi voz que le preguntaba, -¿Maestro, que debo hacer? a lo que el respondió, -ir a la fuente-”
Como casi todo el mundo sabe con la Primera Iniciación de Reiki aprendemos a “tocar y a reconocer” la energía vital y también a conducirla desde la Fuente Original a través de nuestras manos hacia el cuerpo, de manera que se reorganice armónicamente y desaparezca cualquier malestar que se estuviese produciendo. Es sumamente fácil y todo el mundo lo puede aprender. Sin embargo cuando entramos en “esta escuela” también nos parece que nos estamos acercamos a una Fuente de la que nunca oímos hablar, y enseguida queremos entenderlo todo, sentirlo todo y conseguir evolucionar. Queremos ser mejores y vencer nuestros miedos para cerrar todas las heridas del pasado. En algunos casos el entusiasmo crece hasta el punto de querer cambiar toda nuestra vida y empezar de nuevo.
Deseamos ardientemente fluir como el agua de esa Fuente de la que me hablaba el maestro interior. Pero el primer mandato es sin duda la paciencia y el segundo la constancia. Aprender Reiki no se puede comparar con ninguna otra enseñanza que hayamos recibido en nuestra vida, aunque se estructure por niveles y se imparta en forma similar a otras clases. Se hace así solo porque nuestra mente está acostumbrada al orden lineal, primero una cosa y luego la otra, sin embargo, puede sucedernos que cuando creemos avanzar reculemos y que otras veces demos verdaderos saltos quánticos. La sanación Reiki contiene una enseñanza diversa y compleja que no se ajusta a las estructuras conocidas, tiene otros tiempos y se abre en múltiples direcciones, tantas como preguntas somos capaces de generar. Es como el agua de la Fuente que al caer sobre el suelo se desparrama y puede tomar un camino inesperado.
En la primera iniciación les digo a mis alumnos que están a punto de conocer el a-e-i-o-u del abecedario cósmico y que si son constantes y lo desean con mucha fuerza, con el tiempo leerán de un tirón, pero tienen que ponerse a trabajar desde el primer día, con entusiasmo y confianza, porque no les será fácil cambiar de pronto los viejos conceptos que han ido acuñando durante su vida, con sus formas estructuras y sus seguridades por otros más inciertos y menos visibles. Deberán acostumbrarse a la idea de que los sólidos bloques de hormigón que pueblan su mundo coexisten junto a otros de fluida y radiante energía en incesante movimiento. Necesitaran comprender que todo es energía y que la materia de la que están hechos es tan solo la ilusión que marca el punto de partida de su desarrollo personal. Ciertamente estos conocimientos les sacudirán las telarañas y a veces se verán obligados a “tomarte unas vacaciones”. Pero todo está bien porque cada uno vive su “momentum personal” de forma única, a su paso, porque quien marca el ritmo es la conciencia. El Reiki tiene muchas ventanas que abrir, muchas puertas por donde salir y a través de estas aberturas encontrar respuestas a todas las preguntas del alma. Es un camino iniciático. Lo que buscamos en él inconscientemente es nuestra propia sanación, y así cada vez que trabajemos con alguien tendremos la ocasión de hacerlo con nosotros mismos y avanzar en el camino evolutivo. Lola Sánchez Maestra Reiki y Profesional Acreditada de EMF
Articulista de Esencialia www.lolaenlaluz.blogspot.com |